Antonio Noriega expresa frustración y enojo en cada palabra que detalla la odisea en la finca de 25 de Mayo, localidad pampeana. "Le dije a mi señora que ojalá que no le pase algo similar a mis hijos cuando sean grandes. Tengo grabado lo que me dijo el enólogo Sebastián, que teníamos que estudiar para no cosechar uva", enfatiza el mayor de los Noriega.
Antonio y Rubén Noriega se reunieron para la entrevista con LA GACETA, con Ramón Soraire y su hijo Martín, una día después del retorno de La Pampa.
"A los empresarios también los hacemos vivir de la producción. Si no vamos a cosechar, es seguro que ellos no van a cortar uvas. Tienen que tratar mejor a las personas; no porque seamos de Tucumán, de Bolivia o cualquier parte del mundo nos van a tratar así. Todos somos humanos, todos tenemos que tener una botella de agua", dice Antonio. Aludió así a la falta del fluido en la finca.
El joven, de 34 años, tiene nueve hijos; confesó que había viajado a La Pampa para poder juntar dinero y comprarse una máquina para elaborar pan que le permita emprender su propio negocio. Ahora, tras la pesadilla, piensa qué puede hacer para que a sus nueve hijos no les falte sustento. "Necesito un trabajo", clama.
"A mi el Gobierno no me dijo hace nueve hijos y yo te voy a pagar. Los tuve porque me sentía capaz de mantenerlos trabajando, siempre trabajando. Nunca pretendí que alguien me diera algo para ellos. Siempre trabajé al lado de mi padre, y nunca me faltó nada. No quiero que le falte algo a ellos. Al contrario, quiero darle algo mucho mejor. Que no le pase lo que nosotros hemos vivido", anhela el obrero golondrina.